Jose Ignacio Zabaleta: «El ahorro de los pobres suma más que el PIB de Estados Unidos»

diciembre 10, 2012 - No hay comentarios

José Ignacio Zabaleta, en Las Palmas de Gran Canaria

José Ignacio Zabaleta, en Las Palmas de Gran Canaria

Jose Ignacio Zabaleta Kaehler es autor del libro ‘Las Sin Banco‘. Profesor de dirección financiera en MBA Business School, forma parte de la familia CFA,que es el grado más importante que se puede poseer en análisis financiero a nivel mundial.  Por «casualidades de la vida» -la expresión es suya-  descubrió un proyecto de microfinanzas y con ello encontró una vocación. Desde entonces, dedica su tiempo libre y recursos a estudiar y promover estas herramientas financieras en los países más necesitados. Cree en las finanzas como un instrumento para mejorar la vida de las personas y no como una manera de que otros se hagan ricos a costa del esfuerzo ajeno.

– Cómo llega un financiero internacional a la microfinanzas?

– Llego a través de un proyecto de la fundación CEAR Canarias financiado por el Gobierno autonómico. Me dejan verlo y compruebo que se trata de un concepto completamente financiero, solo que de ayuda al desarrollo. Me enamoro de él, me voy a Senegal, investigo, averiguo un montón de cosas y veo también lo que falta por hacer. Me doy cuenta de que es un proyecto que requiere de la participación de técnicos financieros, que es lo que yo soy. Así que empecé a implicarme más, seguí leyendo, me fui a Bangladesh, descubrí el trabajo del banco Grameen, pasé por diferentes países y comprobé distintos modelos. Y tanto me enamoró, que sigo trabajando como consultor, cuando puedo y el tiempo me lo permite.

– Hasta que decide escribir un libro sobre el tema.

– Sí, me animé a escribir un libro porque no me gusta del todo lo que hay escrito sobre el tema en español, fundamentalmente. Me parece que son libros muy técnicos pero por eso mismo de difícil lectura. A mí se me da más o menos bien que la gente que no tenga ni idea de finanzas entienda los conceptos, así que me propuse escribir un libro que fuese entretenido y que lo pudiera entender todo el mundo. Que en una semana, en cuatro o cinco horas de lectura en el metro para ir a trabajar, puedas leer el libro, te entretengas y descubras un mundo nuevo. El libro está compuesto lo más interesante -o lo que yo consideré que era más interesante- de la literatura mundial sobre la cuestión y, por otro lado, mis experiencias personales. De ahí ha salido un popurrí que espero sea bastante ameno.

– Con esas palabras que puede entender todo el mundo, ¿en qué consisten las microfinanzas?

– Las microfinanzas son un instrumento para la gente que no tiene acceso al mercado financiero, que son personas sin banco porque las entidades se niegan a ofrecer sus servicios. Con estas herramientas, estas personas van ingresando gradualmente en el mercado financiero, que es el mercado en el que se mueve el mundo hoy día. Son tres: el crédito, el ahorro y el seguro. Porque, aunque cueste entenderlo, hay bancos que no quieren el ahorro de los pobres. En ciertos países solo admiten cuentas corrientes muy grandes.

– ¿Estamos hablando de baremos diferentes, es decir, que el problema consiste en que en occidente 50 euros alcanzan para una compra pequeña de supermercado pero en algunos países resultaría una pequeña fortuna?

– No exactamente. Por ejemplo en Camerún o en Senegal estamos hablando de que se necesitan 700 dólares mínimo para abrir una cuenta en un banco, mientras que en Europa a un recién nacido por 10 euros ya se lo permitimos. Realmente son bancos que no trabajan con la población, sino que trabajan con las cuentas grandes y los tienen totalmente olvidados. Como los tienen olvidados, no cuentan con ellos y no cuentan con sus recursos tampoco. Estos bancos ni siquiera utilizan a la gente para financiarse: hacen operaciones muy grandes, de gobierno a gobierno o de multinacional a multinacional, pero no son bancos comerciales que trabajen con la población local.

– ¿Cómo se implementan esas herramientas financieras?

-Para empezar, el 50% de la población mundial no tiene acceso a crear una cuenta corriente, por las razones que explicaba. Entonces ¿qué es lo que se hace? Crear unas finanzas populares a las que la gente pueda optar. Los modelos pueden ser desde una entidad exterior como la Agencia Española de Cooperación, que cree un fondo y lo destine a estos países hasta que la misma población local cree una mutua, una caja rural. Es decir, que entre todos ellos se junten y digan “escuchen, vamos a crear esta bolsa de dinero, pongamos los ahorros aquí y vamos a gestionar préstamos”. Normalmente suele ser con apoyo de la ONG, ya que inicialmente no es rentable. Pero una vez viene una ONG, se trabaja con una comunidad local, una organización de mujeres por ejemplo, y se empiezan a gestionar créditos. Con el tiempo, esta entidad que se basa solo en el crédito empezará a aceptar ahorros de esas mismas personas. Y, más adelante, podrá crear seguros de vida o de sanidad. Entonces se habrá creado un banco que ofrece los tres servicios financieros fundamentales: crédito, ahorro, seguros. Como una caja rural en España. Lo interesante es que los clientes son los mismos dueños de la entidad: cuando un cliente es propietario, se asegura de que las cosas funcionen bien.

– ¿Se entiende por lo expresado que no está usted haciendo proselitismo de un determinado banco, sino que se trata de un sistema de organización económico particular?

– De hecho, así es. Es más, muchas veces se crea sin intervención externa, ya que responde a unas necesidades determinadas. Por ejemplo la lotería familiar,que es un modo de ahorrar como cualquier otro, fruto de la necesidad.

– ¿En qué se basa ese sistema?

– Estas loterías, que se llaman roscas, funcionan en muchas partes del mundo. Y lo que hace es que la comunidad aporta una cantidad pequeña semanalmente, se suma esa cantidad y se hace un sorteo. Habrá un beneficiario que gana el total acumulado una vez a la semana. Lo que ocurre es que ese ganador no puede volver a llevarse el premio de la lotería hasta que gane el resto de participantes al menos una vez. Así, una vez cada seis meses o una vez al año, a mí me llega una cantidad de dinero importante para invertir, ya sea para comprar máquinas de coser, una vaca o un tractor de sembrado. Después de todo, el dinero recibido es el mismo que esa persona ha ido aportando semana tras semana, es decir, que es suyo. Es una manera de ahorrar sin tener que guardar el dinero en un lugar estable. Es una hucha en realidad, pero una hucha que está fuera de casa. El objetivo es tener siempre un ahorro seguro.

– De los tres instrumentos financieros, ¿el crédito es el más importante?

– El crédito es una herramienta fundamental, pero la más importante es que la persona pueda ahorrar de forma segura. Y, segundo, tener un seguro de vida o un seguro sanitario. Eso es básico. El crédito requiere devolución, necesita de personas serias que estén dispuestas a devolver el préstamo…

– ¿Y se devuelven esos microcréditos?

– Sí. Es cierto que en la parte más baja de la sociedad mundial existe mayor tendencia a devolver los créditos. No porque los pobres sean por naturaleza más honestos, más simpáticos o más serios, sino sencillamente porque no queda otra opción. Si no devuelven el crédito, lo siguiente es un prestamista. Y un prestamista supone el 50% diario en intereses y perpetuar la deuda. Así que se suele devolver más, con una tasa cercana al 98%, es decir, superior al de la banca española.

– Aquí encontramos una premisa de partida: que ahorrar es bueno y hasta necesario.

– Exactamente, y todo el mundo entiende eso. De hecho, la introducción del libro es un análisis que contempla qué pasaría en esta sociedad si no tuviésemos bancos. Salimos de la universidad, no podemos comprar una casa porque no hay hipotecas, por tanto tendremos que vivir en casa de papá o alquilar. Si queremos ahorrar, habrá que ir a casa de nuestros padres. Y dónde ahorramos? Debajo del colchón. Inflamos el colchón, pasa el tiempo, seguimos inflando el colchón, tenemos que ir andando a trabajar porque no podemos comprar el coche a plazos, seguimos engordando el colchón… y con el tiempo dispondremos de capital para comprar alguna casa pequeña y barata, que es lo único que se puede pagar al contado. Se vacían los colchones y se plantea el debate, bien entrados en la treintena, de ser o no ser padres. Empezamos a tener hijos a los que hay que alimentar, dar de comer, vestirlos; con lo cual ese dinero vuelve a salir en lugar de usarlo para inflar de nuevo los colchones. Cuando van creciendo, tampoco se van a ir de casa de sus padres y por las mismas razones que no lo hicimos nosotros. La consecuencia es que podemos tener hasta cuatro generaciones viviendo en una misma casa que no pueden financiar una segunda vivienda. Llegada la vejez, y contando con que hemos tenido mucha suerte, es decir, no hemos perdido el puesto de trabajo ya que no hay seguro por desempleo, no nos hemos puesto enfermos ya que no tenemos seguro médico, el resultado es que la vida habrá sido un sufrimiento para mí y para las siguientes generaciones, mientras que el colchón permanecerá vacío por definición. Y los que eran ricos y disponían de capital serán más ricos y tendrán más posesiones, porque son los que pueden seguir comprando al contado, mientras que los pobres serán cada vez más pobres y no podrán salir jamás de esa espiral. La conclusión es que si no estamos en el sistema financiero no podremos progresar, porque no podemos planificar nuestras vidas. La base de todo es que las finanzas permiten planificar.

José Ignacio Zabaleta, en Las Palmas de Gran Canaria
José Ignacio Zabaleta, en Las Palmas de Gran Canaria

– ¿Se deduce pues que no tener dinero no es incompatible con el ahorro?

– Los pobres sí ahorran, entienden perfectamente esto y se disponen a ahorrar. Y, aunque ahorran poco, son tantos que la riqueza de los pobres unida es más que el Producto Interior Bruto de EEUU al año.

-¿Puede o debe exportarse el modelo de microfinanzas a una sociedad desarrollada aunque en crisis como la española?

– Yo siempre digo que lo mejor que puede ocurrir con las microfinanzas es que dejen de existir, porque eso significará que ya se habrá establecido un sistema financiero en condiciones. Inicialmente, nosotros en España esto ya lo hicimos: creamos las cajas de ahorros, que son instrumentos microfinancieros cuyo objetivo es democratizar las finanzas. Somos el país más bancarizado de Europa, y uno de los más bancarizados del mundo gracias a las cajas de ahorros, cuya función era precisamente bancarizar a las personas. El problema es que las cajas de ahorros se olvidaron de su función y comenzaron a competir con los bancos con las mismas reglas, los mismos objetivos y la misma táctica de buscar dinero en el extranjero para dar hipotecas y facilitar más créditos. Así que en estos momentos la banca no funciona, no ejerce su función de intermediario financiero ya que ella misma está en crisis. Lo que está claro es que si el intermediario financiero no hace su función, de modo natural buscaremos otras alternativas.

– ¿Alternativas?

– Las  soluciones pasan por la banca ética. La gente quiere invertir y guardar su dinero de una forma rentable pero que sea responsable también: es decir, que se acabe la práctica de tener un seguro que luego cuando pasa algo no se paga al beneficiario; también hay que tener acceso al crédito, pero con unas condiciones equilibradas. Otra alternativa, aunque en España casi nunca se ha hecho, es la financiación de las empresas hacia el público, es decir, que el dinero provenga de la gente por medio de bonos o instrumentos híbridos con los que una compañía se pueda proveer de fondos.

– ¿Por qué no se hace?

– Pues porque aquí no es un instrumento de fiar: el sistema legal español no incentiva que uno pueda saltarse a la banca. El último que hemos visto que creó unos bonos fue Rumasa, y mira cómo ha acabado. Y porque en España tener el 49% de una sociedad es menos que tener el 1% de un terreno. Aquí, la seguridad jurídica para el minoritario es muy mala. Una vez dicho esto, sí es cierto que en España hay garantías y hay activos y por lo tanto no estamos en una situación como la del tercer mundo. Es decir, que uno cree que no tiene nada pero en realidad tienes una casa, con hipoteca pero una casa al fin y al cabo; hay tarjetas de crédito, hay casas de empeño. Las microfinanzas no son necesarias en este contexto. De todas maneras, siempre que se pueda lo mejor es pedir ayuda a los de la familia, que son los que más confianza tienen en ti…

– En este contexto de crisis global, ¿puede que la gente empiece a recelar del mundo financiero en su conjunto?

– Así es. Las consecuencias son fatales, pero fundamentalmente para la superviviencia a largo plazo de los mismos bancos. En un mercado competitivo, a quien no hace bien su trabajo va a ser a quien no se le escuche. El objetivo ha sido ganar dinero únicamente los bancos, y por supuesto que eso se puede hacer, pero es un beneficio muy a corto plazo. Los bancos habrán ganado mucho si lo ves reflejado en la contabilidad pero, si luego la gente no paga las hipotecas, en realidad la banca no ha ganado nada. Yo creo que se crearán competencias que eliminarán a estas entidades que ya no cumplen su función. Se han olvidado de nosotros. Y cuando se olvidan del cliente, a la larga los mayores perjudicados van a ser ellos mismos. El libro sale en una época mala, la gente se fija en lo que digo para hacer paralelismos con la situación de la banca. Pero realmente a mí lo que me interesa no es lo que se ha hecho mal, sino lo que se hace bien. Y en concreto lo que se hace bien en todos los sectores, no únicamente en el financiero. En el financiero, la respuesta es sencilla: crear un producto que satisfaga las necesidades de los clientes.